El Acompañamiento Terapéutico permite abordar situaciones problemáticas desde el contexto mismo en el que suceden, debido a que la intervención se realiza en el momento y en el lugar donde éstas tienen lugar. Sirve para “llevar la terapia a la casa”, al trabajo o a cualquier situación cotidiana.

Se aplica tanto en momentos puntuales como, por ejemplo, el inicio de un tratamiento ambulatorio en una adicción, una discapacidad sobrevenida, aparición repentina de una “fobia escolar”; o de manera más sostenida en el tiempo, en caso de la prevención de un ingreso psiquiátrico.

El acompañante terapéutico fomenta el desarrollo de la red social de la persona acompañada, intentando fortalecer los vínculos existentes y, de ser posible, ayudarlo a establecer nuevos a través del entrenamiento en habilidades sociales y gestión emocional.